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Ayer tarde cuando abrí la ventana para fotografiar la puesta del sol me encontré a este pajarillo (Sylvia melanocephala, curruca en castellano y buscaret en nuestras islas) tumbado de espalda en la repisa.
Pienso que habrá chocado contra los vidrios y se quedó trastornado o conmovido.
Su corazón latía muy aprisa.
Le cogí en la mano disfrutando del tacto de su cuerpecillo calentito y sentir su pulso.
Poco a poco volvió en si para volar luego al próximo acebuche.
2 comentarios:
Que bonito !
Es una maravilla tenerlos en la mano tan asustados. ¿Nos gusta ser dioses?
que lindo mehizo recordar un capitulo de HEIDI donde encuentra un pajarillo al que llama Pichi,como llore en el capitulo que se vuela hacia su libertad ja!
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